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Gestión e Ingestión

Estoy harto de escuchar las discurseadas y las chácharas vacías de gente poderosa, de mucho poder __gobiernos podría decir, quizás, si me animara__   hablando de la gestión, la gestión, la gestión y la gestión; la gestión esto, la gestión lo otro, lo hacemos por la gestión, eso es para gestionar, en fin... lo que me harta es escucharlo de gente que ha probado, con el inapelable paso del tiempo, que lo único que puede hacer es ingestión, ingestión, ingestión, de recursos, que, además, son ajenos. ¡Harto estoy! Osvaldo C. Trossero 2013

El vuelo de las arañas

Despacio voy comprendiendo que volverme viejo, poco a poco, con el paso de los años, tiene sus pros y tiene sus contras. Así, en esas mañanas frescas y saturadas de humedad del otoño, amanezco con los huesos emitiendo chirriantes señales de auxilio, que mi cerebro traduce de manera indeclinable como “dolor”. Así también la agudeza visual ya no es la misma que antes. Cambio. Me toca aceptar el rito cansino del calentamiento matinal, que nunca practiqué de más joven. Ahora también comprendo que depende de mí mismo elegir y en vez de pedir un turno urgente con el oculista, simplemente me siento a ver a las arañas volar y flotar cabeza para abajo en maniobras lentas, antes inverosímiles para mí, en la quietud de los rincones de mi casa,  las contemplo un largo rato en su evolución y asombrado imagino sus próximos lances aéreos. Cuando voy avanzando en este camino, a veces tortuoso, puedo volverme seco y cínico, o empezar a creer en el vuelo de las arañas y en el de otro...

Momo y el corazón del tiempo

“No, Momo –contestó el maestro Hora--. Esos relojes no son más que una afición mía. Sólo son reproducciones muy imperfectas de algo que todo hombre lleva en su pecho. Porque al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis un corazón para percibir, con él, el tiempo.  Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo. Pero, por desgracia, hay corazones ciegos y sordos que no perciben nada, a pesar de latir.” Extraído de “Momo” (o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres), 1973,  novela de Michael Ende.

Luciernhada

La otra noche volvía a mi casa en bicicleta. La oscuridad era ostensible: podía verse la nada con sólo abrir los ojos. Cada vez que pestañeaba se iluminaba un poco mi camino. Mientras temía ser arrollado por algún camión o auto poco atento a los ojos de gato de la bici, vino una luciérnaga y se posó en mi pierna, con sus colores verdes fosforescentes resaltando en la superficie parda de mis ropas. Su llegada alumbró mi imaginación, mis temores y, por un momento, me sentí más seguro de pedalear en la noche. Me acompañó un buen rato. Cuando llegué a mi casa, ella había partido, quizás a proteger a otro ciclista atrevido. No me arriesgo a calificar a ese bichito de luz más que como una luciérnaga, aunque bien podría decir que fue una pequeña hada compañera. Osvaldo C. Trossero

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Para quienes quieran mirar una película con la paciencia que necesita la vida y sus estaciones, agrego este enlace a  "PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y PRIMAVERA". Vale absolutamente la pena darse el tiempo de mirar. Mucha poesía para contar la maravilla de la vida. Muy universal a la vez que particularmente oriental. http://www.youtube.com/watch?v=X4n4Cmrv9IU&feature=fvwrel
Vi un charco roto por las gotas y no estaba roto de verdad. Oí las gotas de lluvia golpear su superficie y el agua sólo cantaba, nunca se enojó. Olí la tierra mojada, nariz al piso, las ramas entre-secas, las hojas desvaídas y las verdes también, la lluvia se impregnaba en ese cuerpo y me marcaba la piel y la memoria, sin rechazos, sin dolor. Tanta belleza regalada duró unos segundos, su ciclo conserva sólo armonía, nunca tiempo. Es imposible guardarla más que en el recuerdo. Evolución, no progreso. Ciclo, renovación, paciencia, ni avance, ni apuros. El grano madurará sólo cuando pueda germinar y dar vida. No podemos empujar al río, encerrarlo, está visto, mata. Ni un paso más, ni uno menos, la naturaleza no vive de empujones. En algún rincón nos creímos el cuento de ser imágenes de dios y más aún,  un dios creemos ser y queremos pintar a imagen y semejanza nuestro rostro en la pacífica faz de la tierra. Lo vamos logrando, no tan poco a poco, cada ...

¿Qué miro cuando miro el río?

¿Qué miro cuando miro el río? Podría ser pretensioso y decir que veo ahí un espejo suficientemente grande como para ver reflejado el universo. Sería una exageración ensayar en el río un espejo para mí mismo. Somos hijos de la misma célula, pero tanta inmensidad y misterio son para una humanidad entera, como unidad de medida, nunca para un humano individual, para un yo suelto a la deriva. Un río, el río, ¿cuántos ríos dirán el mismo rezo? Entre todos bautizamos los ríos. Milenariamente lo hicimos, y día a día. Conservamos ahí los nombres más viejos de nuestra tierra, de nuestra naturaleza. No hay ríos que se precien de tales con nombres de generales, de próceres o de políticos, no al menos en nuestra tierra. Los próceres bautizan lagos, represas y puentes, no cursos vivos y fluyentes, ¿será su destino estar estancados? Ellos se nombran a sí mismos en hormigón y en fierro, así serán siempre decadentes y duros, no pueden honrar la calidad vital del líquido elemento, ellos p...