Estrofas de puerto y río
Acá se adivina la tersura del agua y se puede inferir que el aire está muy limpio. El sol que amanecido se filtra lento en las hojas y el hondo rechinar de los cantos y los trinos no alcanzan a tapar del todo el fresco olor del río. Asomado a la barda que me separa del flujo puedo ver los camalotes navegando infinitos. Imagino a los peces merodeando por los bordes mientras la gente recorre, sin saber ni sentido, sólo para ser sanos y bonitos aun ignorando al río. Acerco la mirada al sol de los reflejos partidos veo formas, chispas, hadas oigo el sordo trazo de los mitos que cuentan de otros soles de otros pueblos de otros ruidos una historia reflejada en los ardores del río. Basta un bote desprolijo para salir del aullido de los motores del grito de la oferta del bullicio para llegar a la isla para saberme infinito y disolve...