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Así soy hoy aquí

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Qué decir de las noches y la lluvia, ya todo fue dicho. Qué contar de los amores y su materia, todo ha sido intentado. Qué mostrar de las entrañas, si hasta la mugre de debajo de las uñas ha salido al aire. Qué manifestar de las ideas y los pensamientos, si unas se marchitan, te marchitan,  y los otros son casi una plaga. Hoy voy a capitular de esos intentos y me voy a conformar, sin renuncias ni resignación, con ser aquí y ahora este calorcito intenso que me puebla. Si es con vos a mi lado: espléndido, si no es con vos a mi lado: maravilloso aunque un poco más concentrado. Sí algo es seguro es que el viento soplará algún día estas siluetas de arena con las que nos damos forma. Pelu

Con mi mochila repleta

Cargar la mochila con ideas Llevarla a la espalda por un rato Sentir el peso de los recuerdos, mezclados con las imágenes Con la imaginación Con las atribuciones de un arbitrario animismo Para cosas que están quietas. Cargar esa mochila por un rato Y luego descargarla en poesía Es como un orgasmo lento  Luego d e un largo rato de lucha,   de fragor Un soltar el control y desparramar la vida Para que corra como los chiquilines por la arena. Llevar esos bártulos por demasiado tiempo Encorva el cuerpo Y lo acobarda. Osvaldo C. Trossero (Pelu) 19 de junio de 2012 

El ejercicio del Yo

Cada vez que yo practico la primera persona en mí, en mí mismo, por mí cuenta, para mí, en mis cabales; cuando transfiero las acusaciones, los juicios y las sentencias a esos otros (a veces tan inasibles) a mí propia cuenta; cada vez que traduzco al yo mío de mí mismo todos las diatribas y las broncas; cuando, en vez de proyectar a la pantalla del otro, reflejo en mi propio fondo blanco mi película mental, o  escribo y hasta tal vez simplemente digo,  el discurso al otro pero dicho para mí en primera persona del singular, acabo, invariablemente,  por volverme mucho más benévolo con los demás. Como se ve el mío no resulta un gran acto de altruismo o la pirueta mágica de un sabio santo, no. Resulta que con sólo ponerme el poncho que obligo _en palabras_ a vestir a esos otros, termino por darme cuenta dónde me aprieta la pieza y registro el calor agobiante que puede producir ese género tan energético y abrigado llamado juicio-moral. Es decir, que cada vez que pra...

Camino

Me tragué toneladas de basura, manuales de disciplina, ideas viejas, relicarios y hasta mapas. Digerirlas me llevó 40 años y aun hoy aparecen en los restos que la taza sanitaria al fin lleva a parar a las cloacas. Empecé por mirar en otros ojos, unos ojos que parecían extraños, que decían con descaro: “si te perdés afuera igual seguís siendo un ermitaño.” Nada entendí y puse a los demás palabras mías, colgadas como la ropa mojada, hasta que vi que cada camisa era mía y ya seca bien se me acomodaba. Comencé a rechazar tanto lo otro, ya no soportaba esas caras, que con una Gillette gastada y oxidada me miraba al espejo y me cortaba, con la ilusión de cortar en esa cara otra cara por mi cara rechazada. Casi ayer, ya muy cansado, comencé la maestría en escaparme. Me colgaba en ala delta y me volaba ante la más mínima y sorda brisa que sirviera para alejarme. Hasta que de una buena vez en esos vuel...

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    En un negocio de moda, en el centro, venden maniquíes usados. Son unos maniquíes con caras de adolescentes, niñas, muy extrañas. Hoy vi la oferta.     A las adolescentes les gustan. Lo que no saben es que rascando un poco la superficie plástica de esas muñecas gigantes aún pueden verse tendones y sangre latiendo levemente. Alguna vez vivieron como niñas y jóvenes; luego se fueron volviendo de plástico y quedaron ahí, como olvidadas en el local, casi como las estatuas de un templo.     Sus padres no percibieron la ausencia.     Los dueños del local quieren desprenderse de las evidencias y, de paso, hacerse de unos pesos extra, porque, de todas maneras, esas clientas ya no traen mayores beneficios y se les han amontonado ya muchas en el desván.     ¡Ah! ¿No lo creen? Pasen por el local de esa marca, rasquen el plástico y lo verán. Osvaldo C. Trossero 05 de Mayo de 2012

Cierto Día

Hice memoria con la profunda convicción de que llegaría a saber cuándo fue que comencé a enderezar mi camino. Así fue que recordé cierto día en el que estaba yo sentado mirando la nada, abstraído y flotando en una especie de eternidad provisoria, cuando ¡zaz! ahí estaba esa sensación oceánica de la que había oído hablar en el pasado. Claro que cuando digo ahora “cierto día”, no lo digo vestido de la certeza de cuál fue exactamente ese día en particular en el almanaque de turno, si no que me arropa suavemente el saber que ese día en particular fue cierto día, un día cierto, uno, al fin, verdadero. Osvaldo C. Trossero (Pelu)

Matices del Otoño

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